A los 21 cogió su caravana y viajó hasta Lisboa para una función de apenas un mes.
Al llegar a la ciudad donde se ubicaba el circo, a unos cuatro kilómetros de Lisboa, enganchó su vehículo a la luz y el agua y empezó a montar la carpa. El equipo eran 15 personas, nueve de ellas artistas. Tras un par de días preparando el show, que se trataba de un espectáculo tradicional, ya que cuenta con un presentador, llegó el día del estreno: «Se hace delante de compañeros de otros circos, por lo que es un día muy importante. Aun así, yo no estaba nervioso, solo por los temas de logística ya que no dependía solo de mí», relata.
En el show portugués realizaba unasseis entradas individuales. Las hacía en portugués, lo que supuso grandes complicaciones los primeros días. Al principio sus chistes no funcionaban porque no le entendían así que tuvo que ponerse a traducir bien todo y al final triunfó.
Más allá del puro espectáculo, al sarriano también le enamoró la rutina circense. Mientras hubo vacaciones escolares actuaban todos los días, una vez que empezaron, las redujeron a tres días a la semana. Los días que no actuaba se ponía muy triste, pero seguían ensayando juntos en la pista, conocieron la zona y también hacían planes juntos, se metían en su caravana y pasaban allí las noches.
Aun así, recalca que este tipo de vida también esdura porque vives por y para el circo, ya que no se movían del mismo sitio y trabajaban de ocho de la mañana a nueve de la noche. «Tiene que gustarte, y a mí, me encanto», sentencia. Además, pese a haber sido alertado de que era un sector precario, Mr. Brandan admite que las condiciones laborales que negoció eran buenas y que se puede vivir de esto perfectamente. Aunque quizás para que esta cláusula sea así, se debe destacar como hizo el sarriano.